8 de noviembre de 2007

Rufus Wainwright volvió a Barcelona. L'Auditori, esta vez; estuvo tan impresionante como siempre. Si hubo una objeción a un gran concierto fue que Judy Garland ocupó el sitio de algunos de los temas que debían haber estado ahí. Entre ellos éste, o la muestra de cómo el discípulo supera al maestro en una de las canciones más extrañamente bellas que se han compuesto nunca.

Emocionante como pocas; seca y dura. Es como un suave puñal, que sólo duele cuando te lo retiran y te quedas sin él. Entonces arrancas a llorar. Consigue todo eso y no alcanzo a entender por qué, tan sólo es un frío y roto aleluya.



Y el maestro Cohen no es cualquiera; de ninguna manera.


No hay comentarios: